Fraternidad

Amor Fraternal

…sentido de responsabilidad, cuidado, respeto y conocimiento con respecto a cualquier otro ser humano, el deseo de promover su vida.

Erich Fromm

Mucho se ha escrito, reflexionado y puesto en boca de los masones. Pero ninguna de ellas ha acaparado tantas críticas, ni ha sido puesta tan en tela de juicio(imagino que así seguirá siendo), como una de nuestras premisas básicas: la fraternidad.

El texto que os invito a leer y sobre el que reflexionar, refleja perfectamente este objetivo masónico, constructivo y básico. Lo presenta como algo alcanzable, como un oficio artesanal que requiere disciplina y dedicación diaria y, cómo no, de una cierta preocupación por dominar este arte como si de cualquier otro se tratase. Rompe absolutamente con la etiqueta social de utopía anacrónica y nos dice que se puede aprender. Aprender.

Esa es una gran noticia para muchos que verán en ello una oportunidad de virtuosismo, que aporta felicidad y bienestar al individuo y como consecuencia al ser humano. Pero también un esfuerzo titánico para casi todos los que creen que amar, se restringe a una combinación entre variables sin influencia alguna por parte propia. Bien, eso es a lo que se dedica la masonería con una de sus premisas: ofrece la posibilidad de aprender el oficio más importante de todos; fortalecer los lazos que deben unirnos a todos.

¿Es algo que podemos alcanzar como individuos? Sí. Esa es la buena noticia. La muestra la tenemos con las manifestaciones espontáneas que todos hemos visto por televisión o en nuestros vecindarios o que practicamos en estos momentos tan convulsos que nos está tocando vivir. Son destellos. De un sol que está ahí, aunque las nubes a veces nos impida verlo. El día no se vuelve noche sólo porque no podamos ver el astro que lo ilumina.

La gran paradoja es que para acceder a ese interruptor que puntualmente se activa, necesitamos un estímulo extra, exterior y trágico en prácticamente todas las ocasiones. Cuando en realidad es interno, está ahí, esperando a que aprendamos a encenderlo consciente e inmediatamente, sólo con nuestra voluntad de hacerlo.

Tenemos una oportunidad verdadera como seres humanos y como especie. Siempre la hemos tenido. Siempre la tendremos. Sólo tenemos que aprender a usarla.

“La clase más fundamental de amor, básica en todos los tipos de amor, es el amor fraternal. Por él se entiende el sentido de responsabilidad, cuidado, respeto y conocimiento con respecto a cualquier otro ser humano, el deseo de promover su vida. El amor fraternal es el amor a todos los seres humanos; se caracteriza por su falta de exclusividad.
Si he desarrollado la capacidad de amar, no puedo dejar de amar a mis hermanos. En el amor fraternal se realiza la experiencia de unión con todos los hombres, de solidaridad humana, de reparación humana. El amor fraternal se basa en la experiencia de que todos somos uno.
Las diferencias en talento, inteligencia, conocimiento, son despreciables en comparación con la identidad de la esencia humana común a todos los hombres. Para experimentar dicha identidad es necesario penetrar desde la periferia hacia el núcleo. Si percibo en otra persona nada más que lo superficial, percibo principalmente las diferencias, lo que nos separa. Si penetro hasta el núcleo, percibo nuestra identidad, el hecho de nuestra hermandad. Esta relación de centro a centro -en lugar de la de periferia a periferia- es una «relación central». O, como lo expresó bellamente Simone Weil: «Las mismas palabras [por ejemplo, un hombre dice a su mujer, `te amo’] pueden ser triviales o extraordinarias según la forma en que se digan. Y esa forma depende de la profundidad de la región en el ser de un hombre de donde procedan, sin que la voluntad pueda hacer nada. Y, por un maravilloso acuerdo, alcanzan la misma región en quien las escucha. De tal modo, el que escucha puede discernir, si tiene alguna capacidad de discernimiento, cuál es el valor de las palabras» ( Simone Weil, Gravity and Grace, Nueva York, G. P. Putnam’s Sons, 1952, pág. 117.)
El amor fraternal es amor entre iguales: pero, sin duda, aun como iguales no somos siempre «iguales»; en la medida en que somos humanos, todos necesitamos ayuda. Hoy yo, mañana tú. Esa necesidad de ayuda, empero, no significa que uno sea desvalido y el otro poderoso. La desvalidez es una condición transitoria; la capacidad de pararse y caminar sobre los propios pies es común y permanente. Sin embargo, el amor al desvalido, al pobre y al desconocido, son el comienzo del amor fraternal. Amar a los de nuestra propia carne y sangre no es hazaña alguna. Los animales aman a sus vástagos y los protegen. El desvalido ama a su dueño, puesto que su vida depende de él; el niño ama a sus padres, pues los necesita. El amor sólo comienza a desarrollarse cuando amamos a quienes no necesitamos para nuestros fines personales.”

H.·. Leonardo

*Extracto del libro El Arte de Amar, de Erich Fromm.

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